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Un día de cólera

Arturo Pérez – Reverte

Alfagura, 390 pp.

 

El español Arturo Pérez-Reverte es una máquina de producción de libros. Cada año sorprende, no habíamos terminado de asimilar “El pintor de batallas”, cuando el año anterior nos atrapó con una nueva aventura de la saga del capitán Alatriste y ahora viene con un texto entre novela y reportaje periodístico acerca del levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid: la rebelión del pueblo contra la ocupación francesa, que significó el origen de la guerra de independencia española.

 

Para conmemorar los 200 años de este acontecimiento, Pérez-Reverte preparó durante algo más de dos años esta publicación, investigando los testimonios de la época, libros de historia y recorriendo las calles de Madrid para intentar sentir los recuerdos sonoros de esa época. Algo similar hizo en 2005 para el segundo centenario de la batalla de Trafalgar con su libro “Cabo Trafalgar”.

 

De forma cronológica se van narrando los hechos, desde la mañana del 2 de mayo cuando inicia el levantamiento hasta la madrugada del 3, cuando retumban los arcabuces de los pelotones franceses de fusilamiento. A manera de corresponsal de guerra, el español va contando cómo el pueblo fue quien se levantó para liberarse de la opresión francesa. A lo largo de sus páginas, el lector se siente como si estuviera en las calles o en los balcones de las casas presenciando lo que ocurre.

 

Por momentos, el libro suele tornarse aburrido debido a que se encuentran líneas y líneas con nombres y más nombres de personas que murieron durante los enfrentamientos entre el populacho madrileño y los ejércitos napoleónicos, pero levanta la atención precisamente cuando se encarga de narrar sin dejar detalles por fuera, cada uno de los combates.

 

Los ecos de cascos de caballos, el ruido de tacones chocando contra las piedras en las calles, choques de sables, el sonido de las navajas rasgando carnes, gritos y gemidos se hacen presentes en este relato que se convierte en un libro de historia novelado, con más historia que novela.

 

El libro viene con un mapa del Madrid de la época, el cual es recomendado mirar durante el transcurso de la lectura para seguir en detalle los hechos y tener una mejor comprensión de la obra.

De mar y guerra


Corsarios de Levante

Arturo Pérez-Reverte

Alfaguara

368 pp.

Una nueva entrega de la serie del capitán Alatriste, la sexta ya, en la cual Iñigo de Balboa, fiel servidor de Diego Alatriste, nos cuenta desde su vejez el recuerdo de una aventura más al lado de su antiguo amo en la que los abordajes, los saqueos, las matanzas y los piratas están a la orden del día. Conocedor de la época del Siglo de Oro y particularmente de todo lo referente con temas marinos, Pérez-Reverte nos hace navegar sin tropiezos por el mar Mediterráneo desde Cartagena, su ciudad natal, hasta el cabo Negro, en la península de Anatolia narrando el transcurrir diario de los soldados españoles a bordo de sus galeras en las cuales se batían contra naves turcas y árabes, robando sus tesoros y tomando prisioneros de guerra.

Como las otras novelas que hacen parte de la saga, la narración es muy descriptiva, desmenuzando cada cosa que ocurre, especialmente si se trata de las luchas con espadas, hachas, dagas y demás armas utilizadas por estos piratas, faltando solo que la sangre ruede por las páginas, de forma similar a como se va regando por la borda y va cayendo al mar.

Para muchos críticos, esta es el mejor libro de Alatriste. Tal vez sí, tal vez no. Lo único cierto es que Pérez-Reverte perpetúa el oficio de entretener con las aventuras de espadachines, como lo hizo Alejandro Dumas.

El pintor de batallas

Arturo Pérez-Reverte
301 p., Alfaguara
 
Nuevamente tengo en mis manos una novela de Arturo Pérez-Reverte: El pintor de batallas. Un título muy sugestivo, que pone a pensar en la saga del capitán Alatriste, en sus relatos de intriga y también en su anterior novela, la desafortunada Cabo Trafalgar. Con solo ver la portada y leer las cuatro palabras con las que el escritor español decidió bautizar su obra, viene a la imaginación algún tipo de acción de época, de esas aventuras de capa y espada muy al estilo de su famoso personaje o de las historias del gran Alejandro Dumas. Sin embargo, la sorpresa es enorme cuando leemos que el tiempo es actual y que los protagonistas son un fotógrafo de guerra retirado que se dedica a la pintura, un ex combatiente croata que viene a cobrar venganza y una mujer fallecida una década atrás.
Faulques es el fotógrafo, quien luego de más de treinta años de oficio, decide retirarse a un pueblo en la costa española para pintar, en una torre de vigía, un mural que aglutine todas las batallas de las cuales ha tenido noticia, bien sea porque ha leído sobre ellas, porque vio sus imágenes en algún museo o porque fue su testigo. Markovic es el ex soldado, cuya imagen, captada por Faulques, llamó la atención de muchos medios de comunicación, fue portada de diferentes revistas y llevó al reportero gráfico a ganar importantes premios. Debido a esta fotografía, Markovic fue reconocido por sus enemigos y sometido a diversos vejámenes. Ahora quiere revancha. Olvido, finalmente, es la amante de Faulques, fallecida a causa de una mina en Croacia. Contrario a su nombre, la mujer permanece muy presente en los recuerdos del fotógrafo, en los que traza a cada momento, con su manera de pensar, las líneas por las cuales la pareja recorrió su vida.
El pintor de batallas es una novela de guerra, narrada sin dejar a un lado detalles mínimos de cada imagen y característica de cada personaje que se nos describe, como la de los prisioneros africanos abandonados en las orillas de los ríos, atados de pies y manos, para ser comidos por los cocodrilos o la frialdad del francotirador serbio que explica cómo elegir a una víctima. Al avanzar en sus páginas y al hallar las preguntas que el ex soldado le formula al ex fotógrafo, comenzamos como lectores a meditar si fotógrafos y periodistas pueden tomar partido en una guerra para, por ejemplo, salvar la vida de un condenado a muerte en el momento en que su verdugo tiene el fusil cargado, apuntándole al corazón.
Esta obra de Pérez-Reverte quiere hacernos reflexionar en torno al papel que juegan los corresponsales de guerra y también nos lleva a pensar hasta qué punto un conflicto se convierte en un espacio en el cual todos sus actores representan un personaje en torno a una cámara, bien de fotografía o bien de video, como si estuvieran dentro de una pieza teatral o posando para una pintura.