La eterna parranda. Crónicas 1997-2011
Alberto Salcedo Ramos
Aguilar, 2011, 419 pp.

Hablar de Alberto Salcedo Ramos es hablar de uno de esos genios contemporáneos del periodismo colombiano. El primer texto suyo que leí se llamaba “La humillación de Araújo”, publicado en el Magazín Dominical de El Espectador, diario para el cual yo trabajaba. En esa época apenas estaba dando mis primeros pasos en la profesión y Alberto ya era curtido en esas lides.
En “La eterna parranda” encontramos una juiciosa selección de textos publicados en diferentes revistas de Colombia, otros países de América y Europa entre 1997 y 2011, en los cuales retrata la vida de muchos personajes, el renacer de pueblos olvidados y las pasiones que mueven a un país. Son narraciones que llegan hasta lo más profundo de nuestro ser para mostrar que a pesar de las dificultades, en Colombia siempre hay momentos para festejar, para vivir en una eterna parranda.
El libro viene dividido en cuatro partes. Los irrepetibles, que narra la vida de esos héroes naturales, únicos en su clase, como el “Rocky” Valdés, campeón mundial de boxeo que pasea por las calles de Cartagena exhibiendo sus dientes y cadenas de oro sin que nadie lo toque, porque es un referente de cómo se puede surgir de la pobreza; o el viejo Emilianito Zuleta, que en medio del vallenato y muy buen humor, cuenta sus hazañas desde una silla mecedora; hasta Diomedes Díaz tiene espacio en esta páginas con una biografía desarrollada a partir de los testimonios de familiares y amigos del cantante vallenato, además de los lugares que visitó en una época en la que “El cacique de la Junta” era prófugo de la justicia.
Bufones y perdedores, segunda parte, es la semblanza de quienes son los últimos de la fila, de los que llegan tarde a todo, de los que abundan en muchos sitios y que por alguna razón no llegaron a ser irrepetibles, pero que de alguna manera tienen algo que contar, historias que brindan equilibrio a la vida para que no solo existan ganadores, como el caso de Bernardo Caraballo, el campeón sin corona, retrato de uno de los púgiles más grandes de Colombia, con actitud de “champion” pero que nunca logró llegar al punto más alto de su categoría a nivel mundial; o “Gitanillo de América”, uno de los últimos exponentes del toreo como show con piruetas, cara a cara con el toro, contemporáneo de César Rincón, que ahora recoge lo que le quedó de gloria en cuanta feria y plaza metálica se arme en los pueblos más recónditos del país.
Colombia: entre el esplendor y la sombra, la tercera parte, narra las alegrías y las desdichas de nuestro país, las historias de los paramilitares, guerrilleros y soldados, las víctimas de los unos y de los otros, las historias que están a la sombra de los hechos que salieron a la luz y que hundieron a muchas personas en la oscuridad, pero que ahora buscan un hueco para asomarse y salir adelante. Pero también son los relatos de otros seres anónimos que contribuyen a que la vida siga siendo apacible, como en San Basilio de Palenque o en Tumaco, la cuna de los mejores futbolistas del país.
Finalmente, en primera persona, relatos que como su nombre lo indica, son hechos ocurridos al autor, en los que vemos reflejados algunos aspectos de su vida.
“La eterna parranda” está escrita en carne y hueso, sus personajes se pueden sentir, tanto que parece que estuvieran frente al lector contando su historia. Es la vida de un país que a pesar de tener tragedias siempre tiene un motivo para estar alegre y celebrar, una razón para vivir en una fiesta constante.