El pasado 11 de enero falleció Eric Rohmer, uno de los grandes directores del cine francés, de los más destacados de la llamada Nouvelle Vague. Licenciado en literatura francesa, en 1946 publicó la novela “Elizabeth”, bajo el seudónimo Gilbert Cordier, con el cual firmaría muchos artículos periodísticos.
Jean-Marie Maurice Scherer, su verdadero nombre, daría vida a Eric Rohmer en 1957 con la publicación del libro “Hitchcock”, escrito en compañía de Claude Chabrol. De acuerdo con varios actores y conocedores de su obra, este seudónimo fue escogido para ocultarles a sus padres su profesión de cineasta y que ellos siguieran pensando que era un profesor de literatura. Pero, a juicio de muchos, su carácter reservado fue el principal motivo para utilizar nombres diferentes al original, razón por la que se conocer pocas cosas acerca de su vida privada.
El ambiente de París sirvió para que Rohmer se inclinara hacia el cine y conociera a Jacques Rivette y a Jean-Luc Godard. Los tres fundaron La Gazette du Cinéma. Su trabajo como editor, más otras experiencias como crítico en otras publicaciones especializadas, llevaron a Rohmer a dirigir de la famosa revista Cahiers du Cinéma.
En 1959 Rohmer presenta su primer largometraje, “El signo del león”, el cual tuvo una acogida fría por parte de la crítica con su consabido efecto comercial. Sin embargo, esto no fue un obstáculo para seguir con su carrera como realizador: en 1962 comenzó “Seis cuentos morales”, la primera de las tres series que marcaron su larga trayectoria, compuesta por “La boulangère de Monceau” (1962), “La carrière de Suzanne” (1963), “Mi noche con Maud (1969)”; “La coleccionista” (1967); “La rodilla de Claire” (1970); y “El amor después del mediodía” (1972).
En la década del ochenta llegó “Comedias y proverbios” con “La mujer del aviador” (1980); “La buena boda” (1981); “Paulina en la playa” (1982); “Las noches de luna llena” (1984); “El rayo verde”(1986); y “El amigo de mi amiga” (1987).
La última década del siglo XX vio a Rohmer desarrollar “Cuentos de las cuatro estaciones”, serie que incluye “Cuento de primavera” (1990); “Cuento de invierno” (1991); “Cuento de verano” (1996); y “Cuento de otoño” (1998).
A todo este trabajo se suman cortos, mediometrajes experimentales, documentales, comedias, películas de carácter histórico y varios thrillers, en los cuales queda plasmada la atracción del cineasta por las relaciones humanas y los detalles sicológicos de los personajes, que hablan constantemente para explicarse a sí mismos, incluyendo al espectador dentro de su reflexión sin llegar a un punto final.
Esta forma de afrontar el desarrollo de las historias hizo de Eric Rohmer un experimentador constante, que se renovaba y refrescaba en cada nuevo filme.