Realmente septiembre siempre ha sido un mes grato para la música, sobre todo para el jazz. Los dos festivales que tenemos en Bogotá se han fajado. Aunque puedo hablar poco al respecto, porque al festival del Teatro Libre solo asistiré para el concierto de cierre con Jacques Loussier y a Jazz al Parque fui el último día únicamente para ver a Erik Trufazz, los comentarios que he escuchado son positivos.

El festival del Libre ya ajusta 20 años y tiene nombre. La impresión grata viene de Jazz al Parque: el domingo había mucho público y según me comentaron, el sábado fue igual. Parece que el Parque de los Novios se les está quedando pequeño a los organizadores… viendo toda esa gente, en su gran mayoría menores de 30 años, recordé las primeras ediciones del festival, cuando se hacía en el anfiteatro del Parque de la Independencia, un espacio muy “íntimo”. “Cómo ha crecido”, pensé y me imagino que las personas de la Gerencia de Música de la Secretaría de Cultura también dirán lo mismo al ver a ese hijo.

El cierre no pudo ser mejor. Erik Trufazz demostró que es uno de los músicos franceses más versátiles que tiene en la actualidad. Además sus compañeros no se quedaron atrás, cada uno demostró sus habilidades, especialmente el teclista Patrick Muller, que abordó ese Fender Rhodes con una agilidad impresionante. Ningún fanático del jazz puede negar que el sonido conjunto de ese cuarteto rememora las exploraciones eléctricas y jazz-rock de Miles Davis.

Realmente fue un concierto inolvidable, pocas palabras por parte del músico y mucha música, mucha entrega. La sensación, luego de la despedida, es que fue poco el tiempo que le dieron a semejante figura del jazz, pero bueno, por lo menos lo pudimos escuchar y tuvimos tiempo de alucinar con su excelente música.

No me quedé hasta el final, para ver el homenaje que Samuel Torres rindió a su tío Eddy Martínez, pero seguramente los que se quedaron gozaron mucho. Ah… en ningún medio de comunicación vi semblanzas de Martínez… ¿qué pasó?