El mundo según Germán Espinosa

 

Gustavo Tatis Guerra

 

Ícono Editorial

 

(Ícono Editorial) Llegar al alma de aquel niño que jugaba solo en el centro de un patio de Cartagena de Indias, y encontrar la esencia del espíritu del hombre que a lo largo de sus 69 años de vida escribió una de las obras narrativas de mayor exigencia creadora en la literatura de Colombia y América Latina del siglo xx y principios de esta nueva centuria, es el objeto de este diccionario de confesiones perdurables de Germán Espinosa.

 

Esta suma de visiones es una aproximación al ser y al escritor —destacado entre los sesenta personajes de la historia colombiana—, autor de esa obra excepcional, La tejedora de coronas (1982), incluida por la Unesco en su colección de obras representativas de la humanidad y valorada por la crítica como una de las cuatro mejores novelas del país en el siglo xx.

 

Este libro es una ventana para asomarnos al pensamiento del Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras de Francia. Hay aquí una palpitación del alma de Germán Espinosa, criatura que asciende a lo más profundo de la niebla y descubre el raro fulgor en la oscuridad, el secreto y la crudeza en la claridad. He aquí su concepción del mundo, de su literatura y su exquisita erudición sobre lo divino y lo humano. Mirada visionaria, polifónica, dotada de belleza y sabiduría. Como quien se sienta a escuchar el mar.

 

He aquí una corta selección de definiciones de Germán Espinosa, de las que aparecen en la obra.

 

CUENTOS

 

Todos los cuentos debían obligatoriamente referirse a la violencia política y al hambre del pueblo. Yo discrepaba, como en general he discrepado. Sentía el cuento fantástico y era lo que deseaba realizar. [En «Entrevista inédita con Germán Espinosa», Roberto Montes Mathieu.]

 

DEMONIO

 

Le tengo mucho miedo porque se encuentra dentro de mí. [En entrevista con Ricardo Rondón.]

 

DESGRACIA

 

Para mí, el extremo de la miseria es el de quien debe trabajar en oficios que no ama. [En La verdad sea dicha.]

 

DESNUDOS

 

El Santo Oficio, a finales de la Edad Media exterminó a la secta cátara, entre cuyos postulados se contaba el de entender la sexualidad humana como una chispa de divinidad que demoraba en la materia. [En «Variaciones en torno al pudor».]

 

ESCRIBIR

 

Mi necesidad actual de escribir —llamémosla así— emana de varias convicciones profundas; en resumen, el hombre debe liquidar, como sea, la guerra civil que se libra dentro de su propio ego. [En entrevista con Osiris Troiani, de Primera Plana.]

 

FLORES

 

García Márquez me dijo alguna vez que era de buena suerte mantener en la sala de nuestra casa flores muy amarillas, y es el único consejo suyo que he seguido. [En La verdad sea dicha.]

 

VIAJE

 

Yo he viajado un poco y no he logrado ver, ni en Europa, ni siquiera en África, cosa que me sea realmente extraña como americano, porque nada hay sobre este planeta que sea extraño a América. [En «Prefacio de 1989», de «La liebre en la luna».]

 

El autor

 

Gustavo Tatis Guerra

 

Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, 1992. Nominado en tres oportunidades a ese mismo premio en 1993, 1995, 1997. Ganó en 2003 el Premio de Periodismo «Álvaro Cepeda Samudio».

 

Autor de los poemarios Conjuros del navegante (1988), El edén encendido (1994), Con el perdón de los pájaros (1996), He venido a ver las nubes (2008), La ciudad amurallada (Crónicas de Cartagena de Indias, 2002) y Alejandro vino a salvar los peces (Premio Nacional de Cuento Infantil Comfamiliar del Atlántico, 2002).

 

Tiene inédita una novela y un ensayo sobre la obra poética de Luis Carlos López y Raúl Gómez Jattin. Publicó también un ensayo novelado, Bailaré sobre las piedras incendiadas, sobre la escritora Virginia Woolf. Es editor cultural del diario El Universal, de Cartagena.