El rumor de la montaña
Yasunari Kawabata
Austral, 2010, 315 pp.
Esta es mi primera aproximación a la obra de este escritor japonés, premio Nobel de Literatura en 1968, y creo que no será la última pues su manera de escribir es muy sencilla, abordando problemas de su cotidianidad de una forma muy natural, sin llenarse de complicaciones y permitiendo que el lector disfrute de una narración tranquila.
En esta obra tenemos a la familia de Shingo, un anciano empresario que desde su sabiduría busca encontrar soluciones a los problemas de sus dos hijos, Shuichi y Fusako, quienes atraviesan situaciones que están poniendo en riesgo sus matrimonios.
Shuichi tiene una amante que está embarazada, mientras que Kikuko su esposa, decidió abortar en secreto. Por su parte, Fusako abandona su hogar debido a que su esposo trafica con drogas y no le da una buena vida. De ahí su regreso con sus dos hijas al hogar paterno.
Estamos en Japón, después de la Segunda Guerra Mundial. Muchas familias han quedado sin la presencia masculina debido al conflicto, por lo que muchas viudas han buscado una forma de sostener sus hogares teniendo amantes. Los jóvenes sobrevivientes han perdido toda su sensibilidad. En los periódicos se habla de la gran cantidad de mujeres que están abortando. Este es el escenario en que se mueven los pensamientos y actuaciones de Shingo, un hombre que a su edad disfruta con cada pequeña cosa que le brinda la vida y tiene una mente tan amplia que le permite imaginarse enamoramientos con su secretaria y la esposa de hijo, pero a la vez ser tan terrenal que en medio de lo que creen los demás que es senilidad, es el único capaz de afrontar la problemática de su familia de una manera real, sin buscar ningún tipo de escapatoria.
La sencillez de esta novela radica no solo en su facilidad de lectura. Está basada en la manera en que su protagonista enfrenta sus últimos años de vida, con una tranquilidad absoluta, extasiándose y disfrutando con cada cosa que ve, permitiéndose recordar y sentir tanto que pueden escuchar el llamado que le hacen sus ancestros por medio del rumor de la montaña.
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Diarios de bicicleta
David Byrne
Editorial Sexto Piso, 2011, 339 pp.
Conocía a David Byrne por razones musicales. La primera, por su banda Talking Heads; la segunda, por su sello discográfico Luaka Bop, en el que han participado algunas agrupaciones colombianas. Ahora lo hago más cercano gracias al apego que tiene este artista por las bicicletas, cuya funcionalidad y utilidad como medio de transporte para lograr ciudades más amables y sostenibles se ha encargado de divulgar.
En este libro realmente sentimos la bicicleta como un vehículo. Leemos las descripciones que Byrne hace de ciudades como Buenos Aires, Nueva York, San Francisco o Sidney y, de inmediato, es posible imaginarlo montado sobre su bici, transitando por las calles de esas urbes que poco a poco se han ido abriendo a permitir que los ciclistas usen sus vías para transportarse.
Los relatos de Byrne se convierten en una base importante, no solo para conocer sitios determinados sino también para comenzar a formar una cultura de la bicicleta. Este libro se convierte en una buena guía temática pero también en la forma de mostrar cómo la bicicleta es una alternativa viable para transportarse, algo que todavía falta en Colombia, país en el que se tiene mucha cultura ciclista a nivel deportivo pero al que le falta meterse mucho más a fondo en ver al ciclismo como un estilo de vida.
Alguna vez leí en un libro que ser ciclista iba mucho más allá del simple hecho de montar en bicicleta, que ser ciclista era involucrar a la bicicleta en todo lo que a uno le rodea. Pienso ahora que esa es la esencia del libro de Byrne, para quien la bicicleta se convirtió en una extensión de su vida, así como en su momento lo fueron la música y el arte, permitiendo que juntos rueden en un halo vital mucho más sostenible.
El ciclista
Tim Krabbé
Los Libros del Lince, 2010, 153 pp.
Soy apasionado del ciclismo, no niego que es mi deporte favorito, y desde que encontré un vínculo entre las bicicletas y la literatura, siempre que halló alguna novela, crónicas, colección de cuentos o ensayos sobre ciclismo no dudo en hacer la compra.
Eso ocurrió con esta novela escrita por el holandés Tim Krabbé, quien no solo se ha dedicado a la literatura sino que fue ciclista aficionado parte de su vida, participando en diversas carreras de su categoría. Lo que nos trae Krabbé en esta obra es el relato de una de esas competencias, el Tour del Mont Aiguval, desde el punto de vista de uno de sus participantes, él mismo, quien hizo parte del grueso de ciclistas que estuvo en carrera el 26 de junio de 1977.
A través de las 153 páginas vivimos cada uno de los 153 kilómetros de la competencia, desde su preparación, el alistamiento de las bicicletas y los ciclistas, el calentamiento, la salida y todo lo que viene después, el transcurso en el lote, las escapadas, los premios de montaña, los descensos y el esperado final.
“El ciclista” es una narración que destila el ambiente del ciclismo, hay emoción, hay sudor, hay fatiga y mucho sufrimiento, la imagen que tal vez está más ligada con este deporte, no solo por las caídas sino por ese agotador esfuerzo que se hace en cada pedalazo, el cual ha llevado tanto a la dulzura de la victoria como a la amargura de la muerte.
Krabbé va combinando cada hecho de la carrera con cada pensamiento, con un recuerdo, convirtiéndose las páginas del libro casi en un manual de filosofía del ciclismo. El autor logra mantener un ritmo constante en la narración, la cual va de la mano de los acontecimientos deportivos, logrando que la novela pueda ser leída en una sentada, sin interrupciones, como ocurre con una prueba ciclista de un día de duración.
“”El ciclista” de Tim Krabbé es una obra apasionante, un magnífico relato que consigue aumentar el amor por el ciclismo o, por lo menos, logra que uno le empiece a seguir la rueda, ya que es una de las obras más reales que haya producido la literatura girando en torno a este deporte.
La eterna parranda. Crónicas 1997-2011
Alberto Salcedo Ramos
Aguilar, 2011, 419 pp.
Hablar de Alberto Salcedo Ramos es hablar de uno de esos genios contemporáneos del periodismo colombiano. El primer texto suyo que leí se llamaba “La humillación de Araújo”, publicado en el Magazín Dominical de El Espectador, diario para el cual yo trabajaba. En esa época apenas estaba dando mis primeros pasos en la profesión y Alberto ya era curtido en esas lides.
En “La eterna parranda” encontramos una juiciosa selección de textos publicados en diferentes revistas de Colombia, otros países de América y Europa entre 1997 y 2011, en los cuales retrata la vida de muchos personajes, el renacer de pueblos olvidados y las pasiones que mueven a un país. Son narraciones que llegan hasta lo más profundo de nuestro ser para mostrar que a pesar de las dificultades, en Colombia siempre hay momentos para festejar, para vivir en una eterna parranda.
El libro viene dividido en cuatro partes. Los irrepetibles, que narra la vida de esos héroes naturales, únicos en su clase, como el “Rocky” Valdés, campeón mundial de boxeo que pasea por las calles de Cartagena exhibiendo sus dientes y cadenas de oro sin que nadie lo toque, porque es un referente de cómo se puede surgir de la pobreza; o el viejo Emilianito Zuleta, que en medio del vallenato y muy buen humor, cuenta sus hazañas desde una silla mecedora; hasta Diomedes Díaz tiene espacio en esta páginas con una biografía desarrollada a partir de los testimonios de familiares y amigos del cantante vallenato, además de los lugares que visitó en una época en la que “El cacique de la Junta” era prófugo de la justicia.
Bufones y perdedores, segunda parte, es la semblanza de quienes son los últimos de la fila, de los que llegan tarde a todo, de los que abundan en muchos sitios y que por alguna razón no llegaron a ser irrepetibles, pero que de alguna manera tienen algo que contar, historias que brindan equilibrio a la vida para que no solo existan ganadores, como el caso de Bernardo Caraballo, el campeón sin corona, retrato de uno de los púgiles más grandes de Colombia, con actitud de “champion” pero que nunca logró llegar al punto más alto de su categoría a nivel mundial; o “Gitanillo de América”, uno de los últimos exponentes del toreo como show con piruetas, cara a cara con el toro, contemporáneo de César Rincón, que ahora recoge lo que le quedó de gloria en cuanta feria y plaza metálica se arme en los pueblos más recónditos del país.
Colombia: entre el esplendor y la sombra, la tercera parte, narra las alegrías y las desdichas de nuestro país, las historias de los paramilitares, guerrilleros y soldados, las víctimas de los unos y de los otros, las historias que están a la sombra de los hechos que salieron a la luz y que hundieron a muchas personas en la oscuridad, pero que ahora buscan un hueco para asomarse y salir adelante. Pero también son los relatos de otros seres anónimos que contribuyen a que la vida siga siendo apacible, como en San Basilio de Palenque o en Tumaco, la cuna de los mejores futbolistas del país.
Finalmente, en primera persona, relatos que como su nombre lo indica, son hechos ocurridos al autor, en los que vemos reflejados algunos aspectos de su vida.
“La eterna parranda” está escrita en carne y hueso, sus personajes se pueden sentir, tanto que parece que estuvieran frente al lector contando su historia. Es la vida de un país que a pesar de tener tragedias siempre tiene un motivo para estar alegre y celebrar, una razón para vivir en una fiesta constante.
Historias reales de la vida falsa
Jaime Echeverri
Ediciones Pluma de Mompox, 2011; 92 pp.
El nombre lo dice todo, eso es lo que vamos a encontrar: historias reales, tan reales que parecen ser traídas de algún mundo fantástico. Pero no, todas están muy bien centradas en la tierra, en Colombia, en Bogotá, una ciudad muy real, muy palpable, como la que se retrata en las páginas de este libro.
“Historias reales de la vida falsa” fue publicado en 1979 y reeditado en la colección Voces del Fuego de Pluma de Mompox. A pesar de tener ya más de 30 años, los relatos se encuentran frescos, su lenguaje se ha sabido conservar en el tiempo y, como los buenos vinos, tiene un agradable sabor.
Son historias muy fluidas, que dicen mucho acerca de la intimidad humana, de hombres de carne y hueso agobiados por sus problemáticas cotidianas. Asistimos de esta forma al drama de un policía de barrio que desea ser un integrante del escuadrón antidisturbios e imagina que unos jóvenes que juegan fútbol en un parque son, en realidad, miembros de un grupo insurgente listo para atacar. El sudor, el temor y la locura se sienten en cada frase, en cada signo de puntación.
También está el mago que quiere hacer el último truco de su vida y, como un Houdini criollo, realizar el gran escape que le permita huir de la escena del crimen cometido; o la mujer que luego de la muerte de su hermano decide encerrarse en su casa, en una habitación sin ventanas, a jugar parqués en un último intento por entretener la vida y distraer la muerte; o el cantante de tangos que nunca ha salido del país pero que es tan reconocido como las calles y los personajes de las canciones que entona, que al final se vuelven de las mismas condiciones de los protagonistas de estos cuentos a quienes, como en la ilustración de la portada, la vida devora a grandes dentelladas, sin compasión.
